Magnetoterapia (C. M. P.)

Campos Magnéticos Pulsantes 

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Las propiedades terapéuticas de los campos magnéticos pulsantes eran conocidas desde la antigüedad. Puede decirse que entre los asirios y persas y en el Egipto faraónico ya se utilizaban técnicas curativas basadas en el magnetismo. También en textos hindúes y chinos (s. II a.C.) se menciona el uso terapéutico de los imanes naturales.

Homero, Platón y Aristóteles también los mencionan en varias de sus obras. Ya en nuestra era es Paracelso (s. XVI) quien les da un impulso considerable. Antes que él, Alexandre de Tralles (s. VI) utilizaba los imanes para tratar dolores articulares.

Pero fue el médico y físico ingles Williams Gilbert (1554-1603) quien dio cuerpo doctrinario a la acción terapéutica de los campos magnéticos. Publicó en el año 1600 su libro «De Magnete», donde volcó sus experiencias y observaciones.

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A principios de siglo, primero Danilewsky y luego D”Arsonval, comenzaron los estudios científicos de los campos electromagnéticos, sus acciones biológicas y sus técnicas de aplicación.

Esas investigaciones llevaron a D”Arsonval, Meyer, Saidman, entre otros, por el camino de las altas frecuencias y a determinar las técnicas de diatermia por ondas largas y por ondas cortas, ya por todos conocidas.

Por el contrario, el camino elegido por Danilewsky y posteriormente por Lakosky, Yasuda, Pilla, los llevó a profundizar en la acción de los campos magnéticos pulsantes de baja frecuencia, especialmente sobre el colágeno y las proteínas.

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Yasuda y Fukuda dan a conocer, en el año 1954, en Japón, sus descubrimientos sobre el fenómeno piezoeléctrico que los CMPBF ocasionan en el hueso seco, generando campos eléctricos negativos en la concavidad y positivos en la convexidad.

Basándose en estas experiencias, Basset, en Estados Unidos, aplica los campos magnéticos pulsantes en el hueso vivo, y considera que este fenómeno contribuye a la regeneración ósea.

En el año 1970, Fellus complementa estas investigaciones constatando la propiedad de recargar el potencial bioeléctrico celular, sus acciones antiflogísticas y antiedematosas, aumento en la acción cinética enzimática y la aceleración de los procesos de regeneración ósea, entre otros.

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En Rusia, Yuri Kholodov determinó que campos magnéticos entre 100 y 200 gauss, aplicados a ratones, producían reas de células muertas en el tejido cerebral.

Friedman, de EE.UU., repitió las experiencias rusas. También en este caso, los informes de laboratorio señalaron la presencia de un par sito cerebral, peculiar de los ratones. En la mitad de la muestra, este parásito había sido controlado por el sistema inmunológico del animal. En la muestra expuesta a los CMPBF se encontraron la mayoría de las lesiones cerebrales. Friedman halló que los campos estaban causando un estrés generalizado, lo que produjo un debilitamiento de las defensas inmunológicas.

El mismo investigador reprodujo la experiencia en monos, sometiendo éstos a CMPBF de 200 gauss durante cuatro horas diarias. Se constata respuesta al estrés durante seis días. Luego de este tiempo desaparecieron los síntomas, surgiendo una adaptación al estímulo. Tal adaptación al estímulo constante, sin embargo, es ilusoria. Si el estrés continúa, los niveles bajan de lo normal, es decir, se descompensan, y se es mucho más susceptible a las agresiones. Como se puede apreciar, en las experiencias realizadas sobre ratones y monos la relación intensidad-peso corporal debe influir necesariamente en los resultados obtenidos.

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En el año 1978 se realiza el Primer Congreso Internacional de Magnetomedicina en Rapallo, Italia. En 1992 se realizó el Congreso Internacional de Magnetoterapia en Orlando, USA, donde se concretaron normas generales respecto de la dosificación. Aconsejando la utilización de campos de hasta 50 gauss de intensidad y 50 herz de frecuencia como dosis máximas orientativas.

Según el grado de comportamiento de las sustancias frente a la acción de un campo magnético, éstas pueden clasificarse en diamagnéticas, paramagnéticas o ferromagnéticas.

Siempre se dice que, cuando aparece una nueva forma de energía, ésta «cura» todas las enfermedades. A medida que su utilización se hace más extensa y hay mayor experiencia clínica, se va limitando su campo de acción hasta que queda confinado a lo que realmente le corresponde.

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Hasta ahora, con los campos magnéticos pulsantes de baja frecuencia está ocurriendo un fenómeno inverso, cada vez se le encuentran nuevas aplicaciones o nuevos campos de acción.

Es muy probable que en un futuro no muy lejano los campos magnéticos de baja frecuencia lleguen a reemplazar en las indicaciones tradicionales a las ondas cortas, fundamentalmente por carecer casi por completo de contraindicaciones formales y por la ampliación de sus campos de acción.

El campo magnético pulsante de baja frecuencia influye positivamente en las reacciones bioquímicas y biofísicas en las células, mejora la transitabilidad de las membranas celulares. Es decir, las células están mejor suministradas por las materias saludables.

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El magnetismo CMP significa una energía viva, la cual representa la fuerza motriz para los procesos vitales en el cuerpo; es un método biológico natural que representa una efectiva alternativa para el sobre uso de los fármacos.

Además de los ya mencionados efectos, en cuanto al uso doméstico de la magnetoterapia CMP hay que subrayar su efectividad contra los edemas. El campo magnético también dilata los capilares y mejora la perfusión sanguínea, lo cual se aprovecha para disminuir las consecuencias de la diabetes. La magnetoterapia CMP es especialmente efectiva para la curación de migrañas o tinnitus. También se utiliza en los procesos curativos de algunas patologías psicológicas (por ejemplo insomnio) u otras degenerativas (la enfermedad de Bechterev, reumatismo, paradentosis, artrosis y artritis, reumatismo, recuperación posoperatoria, curación de heridas, isquías y otras complicaciones del aparato motriz. También son una herramienta muy útil contra las llamadas enfermedades de la civilización).

La magnetoterapia CMP no es un método destinado sólo para los organismos mayores o enfermos. Los deportistas conocen la magnetoterapia CMP por los procesos de rehabilitación y también por la relajación tras duros rendimientos. La magnetoterapia pulsante se utiliza con mucho éxito en las ramas de medicina como la interna, ortopedia, medicina deportiva, balneología, rehabilitación, pediatría, geriatría, dermatología,  neurología, estomatología, urología, pero también en la medicina veterinaria.

Una de las mayores cualidades de la magnetoterapia CMP es su carácter natural, dado que no provoca adicción, al contrario de lo que suele pasar con los fármacos.

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(Campos magnéticos pulsantes de baja frecuencia; Carlos N. Zibecchi; Universidad de Buenos Aires; Argentina)

http://www.elsevier.es/es-revista-revista-iberoamericana-fisioterapia-kinesiologia-176-articulo-campos-magneticos-pulsantes-baja-frecuencia-13010385


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